Las horas se hacían eternas, y Darío se mantenía de pie, mirando hacia la nada.
Era terrible tener que estar en un maldito hospital, el olor de la muerte se paseaba por todo el lugar.
Cerro los ojos por unos minutos mientras recostaba su espalda a la pared.
Sofía se levantó de su asiento y se acercó a Andrew.
—Gabriela, está preocupada por ti, pensó que algo malo te había sucedido, no respondes sus llamadas.
—No quiero problemas, no estamos en el mismo bando, lo recuerdas —respondió con to