El dolor en el pecho.
Adrián la clavó con la mirada, recuperando instantáneamente su máscara de frialdad profesional. —¿Qué sucede, Lia?
Lia tragó el nudo de amargura que se le había formado en la garganta y, haciendo un esfuerzo sobrehumano para que su voz no temblara, habló: —Señor... es para decirle que la reunión con los inversionistas extranjeros está lista. Los señores lo esperan en la sala de juntas principal.
Adrián asintió, luego mirando a Irma. —Espérame aquí, ya vuelvo. No tardaré.
I