Adrián ignoró por completo el sarcasmo de su primo. Dio dos pasos al frente, invadiendo el espacio personal de ambos, su presencia llenando el baño de una tensión insoportable. Miró a Fabián con desprecio antes de clavar sus ojos en una Lia temblorosa.
—Te hice una pregunta, Fabián —siseó Adrián, con los dientes apretados—. ¿Se puede saber qué haces en el baño de mujeres con Lia? ¿Qué clase de comportamiento es este en la casa de mi abuelo?
Fabián levantó las manos en señal de paz, aunque sus o