El rojo de la discordia
Lia estaba de pie frente al espejo de cuerpo entero en el apartamento de Laura, incapaz de reconocer a la mujer que la miraba desde el otro lado del cristal. El vestido que llevaba puesto era de un rojo encendido, profundo como la sangre y liso como la seda. Se ceñía a su cintura con una precisión milimétrica antes de caer en una falda fluida que se movía con cada uno de sus suspiros, mientras que el escote sutil pero elegante resaltaba la curva de sus clavículas. Era un