Samuel, que se encontraba charlando con un grupo de socios cerca de los arbustos de rosas, vio aparecer a Irma junto a Lia y, presintiendo el peligro debido al temperamento de la primera, se despidió rápidamente y caminó hacia ellas a paso apresurado.
Al llegar cerca del borde de la piscina, Irma se detuvo abruptamente, soltando el brazo de Lia con un desaire. Se giró hacia ella, sus facciones endureciéndose por completo al perder la presencia del público directo.
—Escúchame bien, muerta de ham