El reflejo quebrado en el agua
El silencio de la habitación de huéspedes en el segundo piso de la mansión Valenti era un bálsamo necesario para el caos que Lia llevaba por dentro. El espacio, decorado con un gusto aristocrático sutil, olía a lavanda y a madera encerada. En una esquina, Nelly, la madre de Adrián, revisaba con esmero un imponente armario empotrado. Su actitud no tenía rastro de la altanera frialdad que solía caracterizar a las mujeres de su posición social; por el contrario, se