Vittoria Bellerose
La mansión Bellerose amanece distinta. No porque las paredes hayan cambiado ni porque el mármol del vestíbulo haya perdido su brillo frío. Todo sigue igual: los jarrones enormes, las flores recién cortadas, los retratos familiares observando desde las paredes como jueces silenciosos, las escaleras amplias que tantas veces bajé sintiéndome pequeña dentro de mi propia casa.
Pero hoy nada se siente mío del mismo modo.
Hoy hay hombres de Dante en las entradas. Hay cámaras revisa