Dante Salvatore Valcárcel
Los días pasan y yo empiezo a odiar el amanecer. Antes me gustaba la madrugada. Era mi hora. La hora en que los hombres débiles dormían y los monstruos como yo movíamos dinero, armas, rutas y cadáveres sin que el mundo decente pudiera fingir sorpresa.
Ahora la madrugada solo significa otra noche sin encontrarla, otra noche con Alessia lejos de mí, otra noche en la que mis hombres regresan con las manos vacías, con rostros tensos y respuestas que no sirven para nada.
Na