Alessia Vittoria Bellerose
El bartender pierde la sonrisa.
—Señora, cálmese.
—¡No me digas que me calme!
Dos guardias se acercan.
—Por favor, salga.
—No hasta que hable con él.
—Tiene que salir.
Intento avanzar, pero uno de ellos me bloquea el paso. No me empuja. No hace falta. La humillación me empuja suficiente. Me sacan del club por una puerta lateral. El aire frío me golpea la cara. Me quedo en el callejón, respirando como si hubiera corrido. No voy a llorar. No otra vez.
Me giro para irme,