Alessia Vittoria Bellerose
Dante se va, no discute, no grita, no intenta retenerme. no vuelve a mirarme. Simplemente se marcha.
La puerta de su auto se cierra con tanta fuerza que el sonido me golpea directo en el pecho. Me quedo parada en la entrada de la mansión Bellerose, con Gael a mi lado, Amara detrás y el corazón latiéndome como si acabara de cometer el peor error de mi vida.
—Dante —lo llamo.
No se detiene. Sus hombres suben a los vehículos. Rocco lo mira un segundo antes de entrar al a