Dante Salvatore Valcárcel
Tres meses. Eso fue lo que me tomó recordar quién era. Tres meses para dejar de esperar que Alessia Bellerose entrara por una puerta insultándome con esos ojos llenos de rabia. Tres meses para arrancarme de la cabeza la forma en que lloró en mi club, no por debilidad, sino porque yo le puse otra herida sobre las que ya cargaba.
Tres meses para aceptar que no nací para amar bonito. Yo no soy un hombre de flores. No soy un hombre de promesas. No soy un hombre que se arro