Alessia Vittoria Bellerose
Nos quedamos así por varios minutos, nuestros cuerpos aún entrelazados, jadeando en la oscuridad de la habitación. Finalmente, Dante se aparta lo suficiente para acostarse a mi lado, reuniéndome entre sus brazos.
Apoyo mi cabeza en su pecho, mi respiración aún acelerada. Mis dedos trazan patrones en su piel sudorosa, un gesto tan íntimo que me hace sentir vulnerable de una manera que solo él puede lograr en mí.
—¿En qué piensas? —cuestiona Dante.
—Lo estoy recordando