Mundo ficciónIniciar sesiónLas mujeres tenemos la paciencia como incrustada en la sangre, pero muchas veces ni la mujer más paciente y buena de este mundo puede soportar tanto, porque cuando la puñalada viene del ser amado, es suficiente para formar en su corazón sentimientos tan funestos como la venganza, aquella que no le importa a quien se lleve en el camino, alguien tiene que pagar todo el dolor sufrido, pero solo una persona debe saber que un dolor así se paga con algo más que dolor.
Leer más—No tenías que humillarme de esta forma, como si fuera yo un maldito adorno. —Arrojando al suelo el vaso de vidrio que le habían traído al pedido de ella, sabía perfectamente que se pondría de esa forma y no estaba dispuesto a perder su tiempo y costoso vino, solo por su falta de control.—No sé a qué te refieres, solo te invité a un restaurante elegante a que comas ternera. ¿Cuál es el motivo de tu enojo, cariño?—¿Tienes el descaro de preguntar? De verdad que no tienes un mínimo de vergüenza por tus acciones; involucraste a mi hermana encima, metiste a esas dos brujas en esta locura, ¿cómo te atreves a ser tan ruin?Ella oía cada una de sus palabras y empezó a reír de una manera que hacía que Gabriel sintiera aún más enojo, su mirada se volvió fría y oscura, tenía ganas de ahorcarla con sus propias manos, pero de pronto solo veía sus labios, aquellos que había besado de una manera tan arrebatadora que sentía que le quitaba el aliento, era como en aquella época, pero con un toque aú
—Cuñadita, todos los hombres te están viendo así, todos tontos, hasta mira. La novia le lanzó una bofetada al mirón; es que se le caía la baba por ti.—Lo siento por ellos, pero esta mujer ya tiene dueño, ¿cierto, princesas?—Sí, que, afortunado, tu hermano pequeña, mi amiga, es de lo que no hay. —De pronto, Tina se quedó rezagada del brazo de Aurora y le murmuró.—Ellos se aman desde que eran vecinos, yo los vi besándose, siempre quise que se casaran y ahora mi sueño se volvió realidad. —Con una sonrisa tan amplia que a Aurora sintió algo de pena por ella; después de todo, la cuestión era hacer que el desgraciado de su hermano pagara, pero la pequeña Tina no tenía la culpa, pero no podía hacer nada; ya Fernanda tenía algo en mente y nadie se lo iba a quitar; como dicen, cuando una mujer se propone algo de verdad, no hay poder humano que la haga retroceder.—Ese tipo de amor es de los bonitos. Amiga, ¿le escribiste a tu prometido?—Sí, en unos momentos llegará, y tan lindo él. Bueno, v
—¿Y tu vestido? Cuñada—Lo mandé a ajustar, me queda grande de un lado; es un bonito color marfil.—Blanco es más bonito, como en las películas. —Fernanda sonriera sin contestar aquella frase, aunque ganas no le faltaban de decir que era para las novias felices y enamoradas, las que sabían que se casarían con el amor de sus vidas; en cambio, ella lo hacía con la persona que más daño le había hecho y a quien más daño quería hacer ella, sin importar a quién se llevara por delante.Por fin aparecieron las otras damas de honor, quienes tenían cara de haber adelantado la despedida de soltera de la novia y sin la novia.—Un analgésico con urgencia. —Dejándose caer sobre el sofá con los brazos extendidos y los pies sobre el pequeño mueble delante de ella, Aurora no podía con el malestar; por ratos, casi devolvía la cena, pero se contuvo y se recuperó cuando trajeron el bendito analgésico y una botella de agua, Blanca también estaba algo afectada, pero seguía sujeta a su libro, el que no deja
—Pareciera que mentir se te da muy bien, esa entrevistadora se creyó toda la historia que le contaste.—Querido aprendí del mejor, parece que la alumna superó al maestro. —Sonriéndole y moviendo su cabello hacia atrás, él no podía negarlo, cada vez que la veía le parecía aún más hermosa, su cabello de fuego, ese perfecto cuerpo que había adquirido con el tiempo, aún recordaba sus curvas, la sensación de hundirse en ella y oírla pronunciar su nombre en medio de un grito de placer donde le decía que lo amaba y que no se detuviera, pero así como era de hermosa, también era de fría y calculadora, no quedaba ni un rastro de aquella mujer cuya dulzura lo hacía claudicar cada vez que decía que la dejaría en paz, pero no podía, era adictiva, besar para parte de su cuerpo, saber que se corría con un solo toque de las yemas de sus dedos, saberse el único que había osado tocarla, era una sensación casi tan sublime como un orgasmo con tan solo pensarlo y vivirlo era algo casi como tocar el cielo.
Último capítulo