—Cuando mi secretaria me dijo que la llamaste, la verdad no me sorprendió, sabía qué harías lo que te conviene— observándolo de pies a cabeza, ahora era ella quien revelaba una mirada de desprecio, causando en Santiago, rabia y una especie de vergüenza, la mujer que tantas veces hizo suya, en todas las posiciones posibles, ahora lo trataba como si no valiera nada.
—No entiendo a qué viene todo esto, la verdad es que no sé qué pretendes o quieres, se directa, por favor.
—¿estás molesto? Tranquil