—Hola suegrita, un gusto volver a verla, después de tantos años—La cara de la señora Montiel, era de asombro, no entendía que sucedía o como, trataba de reconocerla, pero le era muy difícil, había algo, pero no estaba segura, por qué sería imposible que fuera la pequeña, porque ante ella estaba una mujer, alta, exuberante, que con cada poro de su piel, brotaba seguridad, además que esa cabellera roja, ese fuego, era imposible de confundir.
—¿Disculpa?
—Soy Fernanda Del Castillo.
—¿Fernandita? ¡