Mundo de ficçãoIniciar sessão"¿Qué es lo que quiere a cambio?" Preguntó María Teresa. "Le daré mi apellido a su hijo." respondió Luis Ángel Torrealba. Aún así, teniendo encima a un bebé recién nacido, su ropa desgarrada por varios días de uso y una escapada de las manos de su pareja maltratadora, María Teresa nunca imaginó escuchar aquel trato por semejante hombre. ¡Estaba en la ruina! No tenía nada en esta vida, absolutamente nada, y con un bebé recién nacido en brazos, su vida fue quebrada en pedazos por las heridas, físicas y emocionales que le causó la familia Gutiérrez. Además, el padre de su hijo es una incertidumbre. Al menos, hasta que pueda recordar aquellas semanas en la ruina para que la verdad salga a la luz. No iban de la mano los sentimientos y Luis Ángel Torrealba, quien necesitaba mentirle a su numerosa familia que tenía ya un hijo propio, para conservar la gran empresa bajo su mandato. Su padre no le heredaría su fortuna sino contaba con un heredero, pero nunca mencionó que fuese de sangre. Y tendría que demostrárselo en la gran fiesta de la compañía que se celebraba cada año. ¿Este nuevo hombre, arrogante y cruel, solucionaría todos sus problemas con sólo mirarlo a los ojos y sentenciar su respuesta? ¿Y llegará a saber que el padre de su hijo estuvo más cerca de lo que ella creyó y frente a sus narices? Sin saber que este contrato cambiaría la vida de ambos, porque compartían recuerdos amargos, dolorosos pasados, el miedo a volver a amar y una luz en sus corazones que los unirá para toda la vida y más que nunca. Pero muchos obstáculos se cruzarán en sus caminos, haciendo todo lo posible para destruir su futuro. ¿Qué decisión tomará María Teresa? ¿Y que les deparará el destino?
Ler maisEPÍLOGOCarmen y Maximino Carvajal fueron sentenciados a cadena perpetua por múltiples acusaciones: lavado de dinero, asesinato, extorsión y narcotráfic0 son algunos de las acusaciones que se dijeron el juicio. Y sin ya escapatoria, tanto madre e hijo no volverían a ver la luz del sol por mucho tiempo. Antonio Guiterrez fue condenado a prisión por abuso de menores y maltrato físico. Había sido uno de los secuestradores del pequeño Ángel Torrealba, a quién aprisionaron tratando de salir del país al lado de Leonardo, otro de los tantos extorsionistas que habían mentido con la prueba de ADN al pagar millones. Era cierto que era hermano de Angélica, pero por parte materna. Angélica Rincón también recibió su castigo al ser cómplice de la muerte de su hermana, Magdalena Fuentes y haber sido cómplice de Maximino Carvajal.Amanda Torrealba, también a cadena perpetua, por ser cómplice de la muerte de Magdalena Fuentes, mentir acerca de la acusación contra María Teresa Carvajal, haber sido cóm
Mientras la policía rodea el patio de la mansión de los Carvajal, Amanda sigue caminando hacia María Teresa. Los ojos de María Teresa están abiertos en su totalidad, conmocionada, anonadada, llena de preocupación. Sus manos tiemblan al observar los ojos verdes de su hijo en los brazos de su tía, pero está sano, sólo está tranquilo en aquellos brazos. Su esperanza vuelve al verlo cerca de ella, y María Teresa suelta un jadeo vigoroso al mirar a su ángel. Alza la vista y de inmediato observa los ojos de Amanda, ésta baja la vista hacia su sobrino y un momento después, estira sus brazos para entregalo a su madre. Anonadada, María Teresa siente el cuerpo de su hijo y gime de desconsuelo, como si fuese un sueño, arropando a su hijo con sus brazos, comenzando a llorar por el alivio de tenerlo con ella, de esta manera. —Mi niño —jadea María Teresa en llanto—. Mi pequeño, gracias mi Dios. Mi bebé…—sus ojos vuelven a caer sobre Amanda. —Cuida mucho a Angelito —es lo que dice—, cuídalo
—Nada le sucederá. Nuestro hijo está bien, amor mío. Estará bien y estará junto a nosotros.Cualquier palabra dicha por Luis Ángel en estos momentos no es suficiente, porque dentro de su corazón la esperanza yace al borde del colapso, y ninguna fuerza es capaz de tranquilizarla. Pero su corazón se envuelven con el de Luis Ángel, porque también lo nota tenso, rígido y con facciones preocupadas. Se separan. Una mano de Luis Ángel se acurruca en su mandíbula y cuello.—Escúchame, María Teresa —Luis Ángel le dedica una mirada fija—. Me encargaré de buscar a nuestro hijo y de mandar a ese imbécil a la cárcel. Me parte el corazón verte así pero te pediré que confíes en mí. ¿De acuerdo? Amor.María Teresa descansa su mirada en él, y acaricia su mano. Asiente.—Lo hago —murmura—, confío en ti más que a nadie.Y acerca a María Teresa para besar su frente.—Estoy aquí, cariño. Traeré a nuestro hijo de vuelta.—¡María Teresa! —exclama Eva una vez se dirige hacia los dos—. Por Dios, me diste un
—¿¡De qué hablas, Eva?! —la toma de los brazos.—No consiguen a Angelito por ningún lado. Los policías dicen que la mujer que lo cuidaba estaba tirada en el piso, desmayada. Además, la casa del señor Carvajal está…está…—Roselia —jadea María Teresa—. ¿Qué quieres decir con la casa…?—Está incendiándose —Eva se lleva la mano hacia los labios—. Tu casa se incendia, María Teresa. Luis Ángel me pidió que no te dejara ir y que mucho menos te-María Teresa suelta a Eva y por poco trastabilla hacia un lado. Pero Eva la sostiene mucho antes de que pueda golpearse con la pared.—Mi hijo, mi papá…Siente desfallecer. —Por Dios —jadea. ¿Hasta cuándo? ¿Por qué si hace sólo unos momentos estaba compartiendo con Luis Ángel la felicidad…? Ya no usa el ascensor sino las escaleras mientras Eva la sigue por detrás, gritándole que se detenga.Se monta en el auto y junto a Eva acelera hacia la casa de los Carvajal. Cuando llega, ni siquiera las llamas dejan acercarse a la casa. El fuego devora todo a s










Último capítulo