CAPÍTULO 81
Alexander caminaba de un lado a otro del vestíbulo principal, sus pasos resonando en el mármol con un ritmo ansioso.
Miró su reloj de pulsera por enésima vez. Las diez de la noche.
No sabía si volvería.
Finalmente sacó su celular del bolsillo, desbloqueando la pantalla con un movimiento brusco. Su dedo se cernía sobre el ícono de llamada. Iba a marcar. Necesitaba saber dónde estaba. Necesitaba disculparse, aunque la palabra se le atragantara en la garganta.
Pero justo cuando iba a