CAPÍTULO 80
Alexander estaba sentado en la mesa del comedor esperando que le sirvieran el desayuno. Se había acostumbrado, a la fuerza, a que Lucía no estuviera presente en la mansión tanto como él quisiera. Entre las funciones de la presidencia, que ella manejaba con una intuición sorprendente, la clínica veterinaria que se negaba a abandonar, y sus visitas constantes al orfanato, Lucía era un torbellino en movimiento.
Alexander dio un sorbo a su café, sintiendo un sabor amargo que no provenía