CAPÍTULO 98
Lucía bajó del coche sintiendo el peso del día en sus hombros, pero también una extraña electricidad que la mantenía despierta.
Empujó la puerta de entrada justo cuando Luis estaba saliendo, con la mochila al hombro y las llaves en la mano, listo para cerrar.
El veterinario se detuvo en el umbral, sorprendido y visiblemente complacido al verla.
— Vaya —dijo Luis, con una sonrisa que le iluminó el rostro cansado—. Hoy te vi dos veces en el día. Primero en la mañana y ahora para el c