CAPÍTULO 97
Se habían separado temprano, Lucía tenía un compromiso ineludible en su clínica y le había prometido llegar a la oficina en cuanto terminara.
Alexander condujo hacia la Torre Vega solo, pero la soledad del habitáculo de su coche ya no se sentía vacía. El recuerdo de la noche anterior aún flotaba en su memoria, sacándole una sonrisa que resultaba imposible de ocultar.
— Buenos días —saludó al guardia de seguridad, dejándolo mudo de asombro.
Sin embargo, su buen humor duró muy poco.
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