CAPÍTULO 67
Lucía y Alexander caminaban en un silencio que ya no era tenso ni incómodo, con el recuerdo de ese beso que lo había cambiado todo. Sin darse cuenta sus dedos se habían entrelazado. La mano grande y ligeramente áspera de Alexander envolvía la de Lucía con una firmeza protectora, mientras ella se dejaba guiar por el sendero iluminado apenas por la luna.
Entraron en el círculo de la fogata tomados de la mano, con la naturalidad de quienes han borrado las cláusulas de un contrato para