CAPÍTULO 94
Mateo y Sofía caminaban delante de ellas, inusualmente silenciosos. Se habían peinado con esmero y Mateo intentaba ocultar la suciedad de brazo bajo la manga de su suéter, consciente de que estaba siendo evaluado. Sofía le apretaba la mano a su hermano, lanzando miradas furtivas hacia atrás para asegurarse de que Lucía seguía ahí.
— Las instalaciones han mejorado notablemente desde mi última visita —comentó la Señora Miranda, anotando algo en su libreta sin detenerse—. Veo colchones