CAPÍTULO 66
Lucía, sentada en un tronco cerca de Mateo y Sofía, observaba el grupo. Elisa reía mientras Benicio, con la mano vendada, intentaba morder un malvavisco pegajoso. Todo parecía haber vuelto a una armonía inusual en la familia De la Vega. Todo, menos Alexander.
Ella lo buscó con la mirada. No estaba junto a su abuelo Augusto, que charlaba con la Madre Superiora, ni cerca de la mesa de las bebidas. Finalmente, lo divisó en la periferia de la luz, una silueta alta y solitaria que se int