CAPÍTULO 42
Al entrar en el vestíbulo principal, la mansión no estaba en silencio. La televisión del salón de estar estaba encendida a un volumen inusualmente alto, transmitiendo las noticias financieras de la tarde.
Augusto De la Vega estaba sentado en su sillón favorito, con el bastón entre las piernas y la mirada fija en la pantalla, donde se repetía en bucle la imagen de Lucía diciendo: "Admito mi humanidad".
El patriarca no se giró cuando escuchó los pasos de sus nietos. Siguió mirando has