CAPÍTULO 16
Desde el exterior, todo parecía un triunfo rotundo. Alexander De la Vega, el anfitrión, sonreía y asentía, pero por dentro era un manojo de nervios tensados al límite.
A Alexander le gustaba tener el control. Adoraba la previsibilidad de los mercados financieros y la lógica de los contratos. Pero esta noche, tenía el control de todo —la música, la comida, la iluminación— menos de la situación real.
Estaba de pie cerca de una columna de mármol, vigilando a Lucía, que hablaba animadam