CAPÍTULO 17
La noche, lejos de terminar, parecía tener una reserva inagotable de sorpresas tóxicas guardada bajo la manga para Alexander y Lucía.
Cuando Lucía salió del baño de damas, sentía que el vestido rojo, que horas antes había sido su armadura, ahora le pesaba como una cota de malla de plomo. La confesión de Marifer resonaba en su cabeza, mezclándose con la imagen de Victoria Navarro colgándose del brazo de Alexander, y con la presencia nauseabunda de Fernando en el mismo salón.
Al salir