Mundo ficciónIniciar sesiónCuando el chofer abrió la puerta trasera del sedán negro, el aire fresco de la noche golpeó el rostro de Lucía, pero no fue suficiente para enfriar el calor del pánico que le subía por el cuello. Estaba muerta de miedo.
El conductor, un hombre amable que había notado sus manos temblorosas en







