91. Una felicidad suspendida
El médico no respondió de inmediato.
El hombre de mediana edad, con el rostro marcado por el cansancio, observó a James por un momento, como si midiera sus palabras con cuidado. El silencio en el pasillo del hospital se sentía pesado, opresivo, como un aire denso que presionaba desde todos lados.
—Su esposa ha recuperado la conciencia —dijo finalmente—. Su estado es estable por ahora.
James dejó escapar un largo suspiro, uno que parecía haber estado conteniendo durante horas. Sus hombros cedier