64. No rendirse
Esa noche, la calma se sentía como una respiración contenida durante demasiado tiempo.
Emma acababa de apagar las luces del salón cuando su teléfono volvió a vibrar. No era el tono de un mensaje, sino una notificación de correo electrónico. Dudó en abrirlo, pero los viejos hábitos del mundo de la moda le impedían ignorar por completo cualquier cosa que llegara después del horario laboral.
El asunto del correo era breve y poco amable: Aclaración urgente.
Emma se sentó en el borde del sofá y abri