142. En el umbral de la luz
La noche aún no se había asentado por completo cuando un golpe fuerte retumbó contra la puerta principal de James.
No era un golpe vacilante. Tampoco una visita que esperara ser bienvenida.
Llegó como una exigencia—tres veces, rápidas y contundentes.
Emma, que estaba ordenando la cocina, se quedó rígida al instante. James se levantó del sofá, su cuerpo ya en alerta antes de que sus pensamientos lo alcanzaran.
—Iré a abrir —dijo James con brevedad.
Emma negó con la cabeza y se acercó.
—Abrimos j