143. La luz que eligieron
La mañana llegó sin concesiones.
Londres seguía húmeda por la lluvia de la noche anterior, el aire frío mordiendo con suavidad, como si la ciudad misma contuviera la respiración.
En el comedor, Emma estaba sentada con una taza de café que no había tocado. Sus ojos estaban fijos en la ventana, vacíos en apariencia, mientras sus pensamientos corrían más rápido que el tráfico matutino.
James estaba en la cocina, poniéndose la chaqueta con movimientos medidos. Sin prisa, pero sin vacilación. Algo h