127. Mantener la promesa
Pasaron seis meses sin grandes hitos—sin celebraciones, sin anuncios—y, sin embargo, el cambio siguió trabajando en silencio, como raíces que se fortalecen bajo la tierra.
Aquella mañana, James estaba de pie junto a la ventana de su oficina, contemplando una ciudad recién lavada por la lluvia de la noche anterior. Los edificios reflejaban una luz pálida; las calles aún estaban húmedas. Había una calma desconocida en su pecho—no porque todos los problemas se hubieran resuelto, sino porque ahora