120. Romance tonto
La noche aún no se había cerrado del todo cuando James apagó la luz del dormitorio e invitó a Emma a bajar a la terraza trasera. Un leve frío rozaba su piel, llevando el aroma de la tierra húmeda que había dejado la lluvia de la tarde. Las pequeñas luces del jardín brillaban con un tono amarillo suave, lo justo para proyectar sombras delicadas sobre el suelo de madera.
—Sentémonos un rato —dijo James en voz baja.
Emma asintió. Llevaba un suéter ligero, el cabello suelto sobre los hombros. El ca