El salón privado de la mansión Blackwood está en silencio.
Las cortinas pesadas apenas dejan pasar la luz de la tarde, tiñendo la habitación de un tono ámbar que le da un aire solemne, casi de conspiración.
Aspen está sentada en un sillón de cuero, su espalda recta, las piernas cruzadas con elegancia.
Frente a ella, los padres de Sawyer, Margaret y William, observan en silencio.
Ambos tienen el porte de quienes están acostumbrados a que se les obedezca, pero Aspen no se amilana.
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