La tarde cae suavemente cuando Sawyer llega con Poppy a la casa.
La pequeña lleva en brazos su mochila favorita, esa con orejas de conejo que ya está algo gastada, pero que no suelta por nada del mundo.
Sus rizos se mueven a cada paso y sus ojos brillan de expectación.
Apenas atraviesan la puerta, Sawyer siente que el aire de la casa es distinto: huele a limpio, pero también a calidez, a hogar.
Lucy está allí, esperándolos. Su turno en el hospital había terminado temprano, y aprovechó las ho