Lucy caminaba por el pasillo con la mente todavía saturada de la adrenalina que le había dejado la pelea en la estación de enfermería.
Había logrado salvar a un paciente, demostrar su valor, y aun así, algo en su interior no estaba en calma.
Sus pasos eran rápidos, casi automáticos, como si el cuerpo quisiera alejarse de todo pensamiento racional y concentrarse solo en la rutina.
Fue entonces cuando la vio. Una figura que la detuvo en seco, como un golpe directo al estómago.
Ruby. La misma enfermera que había desafiado a Margo esa tarde.
Su rostro tenía esa expresión peligrosa, la sonrisa torcida que prometía problemas, y aún había algo más… algo en sus ojos que le resultaba sospechosamente familiar.
El corazón de Lucy se aceleró y un frío recorrió su espalda. En cuestión de segundos comprendió por qué sentía esa extraña familiaridad.
—Te conozco, ¿sabes? —dijo Ruby, con esa sonrisa maldita dibujada en sus labios—. Eras la chica que estaba con Sawyer en el establecimiento de billa