Lucy traga en seco y luego se acerca a Sawyer, sintiendo un anhelo repentino en sus entrañas. Él inhala una vez más las pantis para después, meterlas en su bolsillo.
—Adelante —la incita él— pregúntame al respecto. Pregúntame por qué las guardé todo este tiempo, o por qué las estaba oliendo de esa manera —un brillo malicioso comenzó a arremolinarse en sus ojos.
Lucy estaba metida en una situación muy jodida, sí, pero no podía negar que Sawyer sabía muy bien cómo hacer que una mujer se olvidara