Lucy traga en seco y luego se acerca a Sawyer, sintiendo un anhelo repentino en sus entrañas. Él inhala una vez más las pantis para después, meterlas en su bolsillo.
—Adelante —la incita él— pregúntame al respecto. Pregúntame por qué las guardé todo este tiempo, o por qué las estaba oliendo de esa manera —un brillo malicioso comenzó a arremolinarse en sus ojos.
Lucy estaba metida en una situación muy jodida, sí, pero no podía negar que Sawyer sabía muy bien cómo hacer que una mujer se olvidara de todos sus problemas. Así que decidió seguirle el juego.
—No hace falta que te pregunte nada, está más que claro. Tuvimos una noche juntos y me usas para masturbarte. Bonito gesto.
Las comisuras de los labios de él comienzan a inclinarse hacia arriba, formando una sonrisa pícara.
—¿Qué puedo decir? Dejaste una gran impresión.
Sawyer agarra la parte delantera del uniforme de Lucy y la acerca a su cuerpo, hasta que su aliento caliente roza en su cara.
Poco a poco comienza a inclinar su cabeza h