Con el juguete en la mano, Poppy y Lucy esperan juntas en la esquina de la habitación de Quinn. A pesar de lo alterada que había estado la niña, ella logró calmarla y ahora está más tranquila.
—Doctora Monroe, voy a llevar a Poppy a la guardería para que pueda jugar con los otros niños —le avisa la enfermera Margo.
Tanto Lucy como la niña miran a la enfermera. La pequeña pone los brazos alrededor del cuello de Lucy y se aferra a ella como si su vida dependiera de ello.
—Gracias por ayudarme —le