La boca de Lucy se abre de par en par en cuanto escucha las palabras de Sawyer.
Sabía que, desde el inicio, hubo una conexión especial entre ellos, pero nunca pensó que él fuese a confesarle cómo se sentía tan fácilmente, a fin de cuentas, no dejaba de ser El Verdugo, el médico temidos por todos en el hospital.
Todo el aire se le salió de sus pulmones cuando suspiró. Lo tenía justo ahí, en frente de ella, diciéndole que la deseaba y vaya si ella lo deseaba a él también.
—Pues, si es así, demuéstralo. —fue lo primero que le salió decir.
No tenía ni idea de qué le sucedía, pero, cuando estaba a solas con él, era la mujer más desinhibida de encima de la tierra.
Sawyer le pone la caja de regalos en la mano, asintiendo con su cabeza para indicarle que la abra.
—Te llevaré a una cita. Una cita de verdad, a eso he venido. Ponte lo que hay dentro de la caja y vamos.
Él observa cómo la chica abre la caja, revelando una falda blanca ajustada, con una abertura hasta su muslo derecho y un top se