Sawyer Campbell se queda de pie frente al escritorio de Lucy, sin pestañear.
Sus manos tiemblan ligeramente mientras sostiene los papeles que ella acaba de entregarle.
Sus ojos recorren una y otra vez las cifras, los sellos, las fechas, como si en algún punto del recorrido fueran a revelar un error, un detalle que demuestre que esto es un malentendido.
Pero no lo hay.
Todo lo que ve son pruebas que lo señalan directamente a él: movimientos de dinero a su nombre, una cuenta bancaria en un para