Siento el hilo de su saliva deslizarse entre mis nalgas mientras su dedo entra y sale de mí.
El dolor se mezcla con el placer que me produce su lengua, que me abre y rodea mi clítoris sin parar.
Siento la oleada del clímax alzarse sobre mí. Mis pezones están tan duros que me duelen y mis nudillos blancos de aferrarme al poste con fuerza.
Exploto sin previo aviso, con el nombre de Alexander retenido en mi garganta y mis piernas temblando como si carecieran de huesos.
La humedad empapa mis mu