POV DE ISABELLA.
Cualquiera podría decir que hemos tenido suficiente, pero no ha sido así. Esto solo ha sido el inicio de una larga noche y Alexander me lo confirma cuando se pone de pie, recoger nuestra ropa hecha tirones en el suelo y me agarra de la mano para conducirme a la habitación principal.
A tientas golpea con la punta del pie la puerta del dormitorio, que nos recibe de inmediato con la luz tenue que proyectan las velas que dejado antes y que iluminan cada rincón.
Me deja con cuidad