El sol apenas comienza a filtrarse por los ventanales cuando Alexander recibe el mensaje.
Su celular vibra sobre la mesita de noche, llenando el cuarto de un zumbido que resuena más fuerte en su cabeza de lo que debería.
"¿Querías pruebas? Pues pruebas tendrás. Ven a casa después del almuerzo. Te mostraré quién es Isabella en verdad."
Lee el mensaje una y otra vez, sintiendo cómo algo dentro de él se remueve, incómodo.
No debería darle importancia. No debería ni siquiera considerar responder.