La brisa salada de la playa parece desvanecerse demasiado rápido cuando el avión toca tierra firme en la ciudad.
El regreso a la realidad pesa sobre los hombros de todos, pero especialmente sobre Alexander.
Sentado junto a Isabella en el asiento del jet privado, siente a los trillizos removiéndose inquietos, como si también presintieran que los días de calma han quedado atrás.
—¿Volveremos? —pregunta Liam con su voz trémula mientras recoge su mochila.
Alexander se gira hacia él, viendo los ojos