El sol apenas se ha alzado sobre la ciudad cuando el bullicio comienza en el interior del departamento de Valentina.
El aire huele a panqueques, fresas y jarabe de arce. Los trillizos corretean por la sala entre maletas pequeñas y mochilas con peluches asomando.
Valentina intenta mantener el orden mientras Henry, con una taza de café en la mano, observa la escena con una mezcla de resignación y ternura.
—Tío Henry, si nos portamos bien, ¿podemos ver una película de terror esta noche? —pregunt