La música suave llena el aire mientras los invitados disfrutan de los postres y las luces cálidas del atardecer iluminan el jardín con un resplandor dorado. Alexander e Isabella están tomados de la mano, sentados bajo una pérgola decorada con buganvillas y luces colgantes, riendo con complicidad mientras observan a los niños corretear entre las mesas.
—No puedo creer que todo haya salido tan bien —murmura Isabella, su voz apenas audible entre el murmullo del ambiente y la melodía suave de un cu