La madrugada cae densa sobre la ciudad, con una bruma que parece reflejar la angustia que han vivido los protagonistas de esta historia.
Henry no ha dormido en dos noches. Ojeras marcadas bajo sus ojos, el ceño fruncido, los dedos temblorosos mientras hace clic una y otra vez sobre el mismo enlace: el mensaje anónimo.
Ha pasado horas cruzando datos, buscando conexiones, revisando registros, accediendo a foros en la deep web y redes de información clandestina. Y ahora lo tiene. Tiene la prueba