La ciudad se estira ante los ojos de Alexander como una pintura borrosa mientras su auto avanza por las avenidas iluminadas.
Sus manos aprietan el volante con más fuerza de la necesaria, y aunque el tráfico es fluido, su mente está detenida en otro lugar.
En Emma. En Liam. En Gael.
En sus hijos.
La palabra sigue sonando extraña en su cabeza. Hijos. Suyos. Tres niños con sonrisas tímidas, con preguntas sin filtro y miradas que lo atravesaron con una mezcla de curiosidad y algo más profundo… alg