El reloj en la pared parece avanzar más lento de lo habitual. Isabella camina de un lado a otro por la sala de su apartamento, ordenando por tercera vez los cojines del sofá.
Todo está impecable, pero su corazón late como si estuviera a punto de enfrentarse a una tormenta.
Alexander llegará en menos de veinte minutos.
Su pecho se contrae con cada pensamiento que la atraviesa. Ha repasado cada detalle de este momento desde que aceptó que Alexander viera a los niños, y sin embargo, ahora que est