El fin de semana llega y, después de tanto trabajo, Alexander por fin está en casa, algo que Camille sabe bien porque sigue cada una de sus pisadas.
Ella llega al apartamento de su futuro esposo sin previo aviso. Luce impecable, envuelta en un vestido de seda color marfil que resalta cada curva de su cuerpo, su maquillaje sin fallas y una sonrisa perfecta enmarcando su rostro.
Toca la puerta como si estuviera en control de todo. Como si la tormenta no estuviera gestándose a su alrededor.
Alexa